sábado, 15 de junio de 2013


INFUSIÓN:  Magic Forest
Infusión caprichosa con el más fresco sabor del bosque: menta, hojas de zarzamora, mora, frambuesa, flor de hibisco, piel de alubia, manzanilla y flores de girasol. Digestiva y rica en antioxidantes de sus frutos rojos. Color rosado, aroma a frutas del bosque, mentolado. Sabor a frambuesa y menta, ligero y afrutado.

LA TAZA

La taza que le habían dado estaba sucia. Tenía una marca de lápiz de labios. Iba a protestar y pedir que le sirvieran otro té, pero algo en la huella de esos labios la enganchó. Era de un rojo precioso, y la forma... Le recordaba a sus propios labios. Se miró en el espejo tras la barra. El día anterior también se había tomado un té en ese bar. Podría ser su huella. Pero no, ella no tenía ese rojo tan especial. Y la huella estaba fresca, parecía reciente. Miró alrededor. En una mesa una mujer estaba cerrando el bolso y preparándose para irse. Sí, casi seguro que era ella. Tenía esos labios... y ese rojo.
Se cruzaron sus miradas. Ella le sonreía y la otra mujer la miró extrañada. Ella cogió la taza y señaló la huella primero y luego a la mujer, sin dejar de sonreir. La mujer entendió y se apresuró hacia ella.
-¡Lo siento!
- No, no es culpa tuya. Habrá sido un despiste de los camareros. Es un rojo precioso.
Y se quedó mirando esa boca, ahora a poco más de un palmo de su cara. Ese rojo...
- ¿Quieres probar cómo te queda?
¿Por qué no?, pensó. Y asintió, divertida, esperando que la mujer abriera el bolso para sacar la barra. Pero no fue eso lo que pasó. La mujer le dió un beso jugoso, lento. Cuando acabó separó mínimamente su cara de ella y la miró a los ojos.
-Te sienta muy bien.
Ella estaba al borde del desmayo, de puro desconcierto pero, sobre todo, de puro placer. Era la primera vez que una mujer la besaba. Y buscó esos labios para, por primera vez, besar ella a una mujer.
- Ven conmigo,  le susurró al oído esa boca roja, ahora emborronada.
Cuando salían por la puerta, la mujer se giró y guiñó un ojo al camarero, que ahora sí fregó la taza, sonriéndose.

martes, 11 de junio de 2013


INFUSIÓN "LIME DECAF"
Té negro originario de Sri Lanka, con aroma natural de lima y corteza de limón. Color ámbar, aroma cítrico y seco y sabor a lima, muy intenso y perfumado.

CUENTO : "LIBANDO"
Un diminuto jardín romántico escondido en una plaza de Madrid. Sentada en el suelo junto a un cenador observa y escucha. Todo tipo de insectos libando  en las flores. Tan solo hace nueve días que la primavera se abre paso, a trompicones: hoy llueve, mañana abrasa el sol, pasado refresca... Y vuelta a empezar.
Algunos niños corretean por la rosaleda sin rosas. Uno tropieza y llora desconsolado. Un grupo de chicas se está haciendo fotos y hablan del último finde, de las clases, de sus madres...
Alza la vista y descubre que de punto observador ha pasado a ser ella la observada. Desde la terraza de un edificio cercano un chico parece mirarla. Ella desvía la vista inmediatamente. Pero a los pocos segundos su cabeza, como un imán, busca de nuevo la terraza, busca al chico... Y allí sigue. Se mantienen las miradas, o algo así, porque es imposible que puedan verse los ojos. Ve su camiseta blanca, su pelo oscuro. Intuye todo lo demás.
Por el rabillo del ojo percibe movimiento: otro chico, en otra terraza; ésta, más cercana. Y duda. ¿Ser infiel al de la primera terraza? Los dos la están mirando, ¿con cuál quedarse? ¿Un ratito con cada uno? Sonríe, divertida  con el juego. Aparece una silueta junto al primer chico. Es una mujer. Y ambos desaparecen dentro de la casa. Decisión irremediable. Lleva la mirada al segundo chico. Ya no está.
Se le borra la sonrisa. Se siente tremendamente sola.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Cuento "En el jardín" - Infusión "Jasmine Chung Fen"


Infusión Jasmine Chung Fen

Té verde joven de la provincia de Fujian (China), con brotes plateados. Su nombre se debe a que el mejor momento para su recolección es el inicio de la primavera, con su suave brisa. Las flores de jazmín se retiran después de desprender el aroma y solo queda algún brote que se desprende durante la elaboración. Su perfume resulta sutil y muy suave, perfecto para iniciarse en los tés florales. Su color es amarillo anaranjado con tonalidades doradas. Muy brillante. Su aroma, a jazmín humedecido por el rocío de la mañana. Su sabor es a jazmín con un fondo de té verde joven. Perfuma boca sin empalagar. El momento ideal de consumo es la tarde, después de la comida.

En el jardín

           Alicia suele ir a un museo que hay cerca de su casa. Le gusta hacer una visita a un cuadro que siente como suyo y luego reposa las imágenes sentada en el pequeño jardín que hay dentro del museo, escuchando el agua de las fuentes y las conversaciones a media voz de los turistas. Saborea la calma de ese oasis en el centro de la ciudad.
           Desde que, sin buscarlo, ese cuadro le salió al encuentro, necesita regalarse momentos frente a él y dejarse seducir.
         Ese cuadro es “La danse des coquelicots”, la danza de las amapolas, de Joan Miró. Cinco pinceladas: tres delicados toques de rojo y dos trazos negros con los que todo es posible, la tierra, el cielo, el viento, la danza, las montañas, las nubes, el vacío... La primera vez que lo vio no pudo mirar a ningún otro cuadro de la sala ( y eso que había algún Picasso); sólo existía ese baile para sus ojos: una sencillez extrema, una pincelada única, una música sutil. Ese cuadro despertaba recuerdos que no sabía ubicar. La emoción le hacía temblar algo en el estómago.
Un día de pleno invierno pero a pleno sol, intuyendo tibiezas de primavera y con el cuadro aún danzando en sus ojos, creyó ver algo que se movía rápido tras unos arbustos. Pensó en amapolas, pero nunca las había visto en este jardín.  Los arbustos volvieron a moverse y una niña vestida de rojo salió corriendo invitándola a perseguirla con su risa de duende. Alicia la miró sonriéndose, buscando a los padres o algún adulto que estuviese con la niña, dispuesta a compartir con otros adultos esa tierna complicidad que siempre despierta el juego de un niño. No veía a nadie. La niña insistió con sus risas agachada detrás de un banco de madera. Alicia aceptó entrar en su juego y fue tras ella simulando no encontrarla, buscándola dentro de la fuente, en la copa de un árbol, debajo de unas piedras... De pronto la niña paró sus carreras y se quedó plantada frente a Alicia. Cuando Alicia reconoció esa carita sofocó como pudo un grito. Una sensación familiar la invadió: algo le temblaba en el estómago.
Se miraron en silencio, la niña con su risa juguetona y Alicia con el desconcierto en cada célula de su cuerpo. Alicia le habló, casi con miedo:
- Vaya, volvemos a vernos, ¿quién lo iba a decir? Pero casi no te reconozco. Tú eres la misma, claro; es mi mirada la que ha cambiado. La tuya sigue igual, con una ilusión eterna, con todo por llegar, sin prisa. Me alegro de verte, pero me siento triste. Bueno, es normal: ser tan consciente y tan de golpe del paso del tiempo, del limbo en el que queda toda aquella época. A lo mejor al verme ahora tú también te sientes rara. No, no creo, eres fuerte, no puede alterarte verme. Me has buscado tú, ¿verdad? ¿Tienes algún mensaje, alguna misión para mí? ¿Alguna explicación de todo lo que nos aleja, o nos une? O quizá olvidemos este encuentro en cuanto salgamos del jardín. ¿Qué piensas de mí? ¿Te gusto? De ti me gusta esa mirada profunda, casi desafiante, ¿eh?, con una seguridad que no he vuelto a sentir nunca, no sé en qué momento la perdí. Y me gusta tu sonrisa. Eso aún me queda, solo que también un gesto amargo me tuerce los labios demasiado a menudo. Pero dime algo, no paro de hablar”.
La niña sigue mirándola. Alicia sabe que se está mirando muy dentro de sí a través de los ojos de la pequeña. Esa mirada a dos es un vals a través del tiempo, en silencio, inmóviles.

              Alicia rompe a llorar y la niña le agarra la mano y la besa. Se abrazan con fuerza. Todo


 se detiene y Alicia puede verse en ese abrazo desde fuera, como si hubiera muerto y se

despegase de su carne. La niña se ríe y echa a correr otra vez. Desaparece por una de las 

puertas que dan al jardín. Alicia va tras ella pero conoce de sobra el desenlace: sale por la 

puerta al claustro del museo y la niña no está. Tiene aún el calor de su manita en la suya, y muy

 dentro se le ha pegado esa risa de cascabeles. Esa pequeña Alicia disfrazada de duende de

 jardín de museo. Siente una danza de amapolas en el corazón.

sábado, 7 de abril de 2012

Cuento "No es lo que parece" - Infusión Té de naranja sanguina

Infusión: Té de naranja sanguina

Su aroma hace de este té negro aromatizado una verdadera delicia para el paladar. Suave y dulce pero de intenso aroma. Ideal con el desayuno. Color, anaranjado. Aroma, cítrico y dulce sin aspereza. Sabor, dulce y amable. Momento de consumo ideal, mañanas y tardes.

 No es lo que parece


El policía levantó la mirada del teclado (sí, era de los que miraba al teclado en vez de a la pantalla, como tanta gente all over the world).
-         ¿Cómo dice?, le espetó a la mujer sentada frente a él prestando declaración.
-         Que sí, que confieso que acabo de matar a mi vecina, pero no es lo que parece.
-         ¿Qué no es lo que parece? Si está toda fiambre, señora. La ha matado y bien matada. Y tres cuchilladas no son un accidente. ¿O es que fue en defensa propia? A ver, explíquese.

Iba a ser complicado hacerse entender. La gente sacaba conclusiones demasiado deprisa: vecina muerta; mujer con cuchillo ensangrentado que confiesa. Ergo, mujer asesina.
Y no,  muchos caminos podían haber llevado a esa Roma sangrienta. Y el camino que la había llevado a ella a ensartar tres cuchilladas a su vecina era del todo inocente. Era, incluso, un acto heroico. ¿Y por dónde empezar? Podría hablarles de su infancia en el pueblo, sin padres pero con dos tías que la cuidaron como mejor supieron, o de su marido ya muerto, de sus hijos, que vivían en Canadá, de lo bien que se le daba hacer punto, de la pasión que sentía por Camilo Sesto (tenía un autógrafo y todo, guardado como oro en paño en una caja lacada heredada de su abuela), de lo rico que le salía en cocido, no así las croquetas, por mucho empeño que pusiera, de lo que disfrutaba bailando en casa a solas con la música muy alta (siempre Camilo Sesto, claro), del miedo que le daba su propia casa por la noche desde que murió su marido, hacía cinco años, que curiosamente se llamaba Mario, como el de las cinco horas de Delibes, pero con el que ella habría hablado no cinco, cincuenta horas sin parar, sin dormir, ni beber, ni mear, hablar y hablar para sacarse los nudos de las entrañas a golpe de palabras, de lágrimas y, por qué no, de escupitajos, y borrar los años de desprecios, de faltas de respeto, de silencios sin cariño, de soledad, pero todo eso no era ningún delito, ¿verdad? Y tenía que seguir aguantando y encima su marido se muere y ella va y ¡le echa de menos!, y esa añoranza sin sentido que se convierte en miedo, por las noches, sí, y esas voces escondidas en el armario, entre las chaquetas y corbatas que no se atreve a tirar o regalar, y salen en medio de su sueño para atormentarla, a ella y a su vecina, sí, porque también su vecina lloraba cada noche en su cama, ella podía oírla, aunque su vecina nunca lo admitió, claro, cuando le preguntó con una complicidad velada si también oía esas voces de los armarios su vecina la miró perpleja (¡qué buena actriz le pareció!) y contestó que no sabía de qué demonios le hablaba. Estaba clarísimo, tal como ella hacía, ocultaba su pavor al vacío de la noche, que ni las pastillas para dormir lograban aplacar porque era en sueños cuando le acosaban las imágenes más tremebundas y amanecía con el cuerpo dolorido de pura angustia y terror.
¿Qué podía entender ese policía? Ahí sentado, mirándola impaciente. De hecho, esa mirada acusadora y recelosa... Seguro que él también hacía llorar a veces a su mujer, porque tenía mujer, el anillo en su mano le delataba. Él no tenía ningún interés en saber la verdad, no quería escucharla, quería terminar de escribir su maldito informe y ¿meterla entre rejas, eso es lo que acababa de decir? ¡Qué prepotente! Y  entonces entró en la habitación el otro, “el ángel”. Otro policía todo amabilidad que le traía una botellita de agua y se la dejó suavemente sobre la mesa, con una sonrisa de buen hijo. Y recordó las películas de sobremesa con las que se quedaba traspuesta: poli bueno, poli malo. No era necesaria esa estrategia, ella estaba dispuesta a explicarlo todo a quien quisiera escuchar, pero a escuchar con un corazón realmente abierto al dolor ajeno, al pánico cotidiano. Empezó a llover. Y ella empezó a hablar. El ángel escuchó y ella habló, por lo menos, cincuenta horas amargas. Cuando terminó, supo que podría volver a dormir tranquila. No le importaba lo más mínimo qué iba a pasar con ella. Todo estaba bien. And the rest is silence.




domingo, 19 de febrero de 2012

Cuento "Línea 62" - Infusión Japan Finest Sencha

Infusión Japan Finest Sencha

Para lograr su intenso aroma, sabor y color, las hojas de té Sencha se recolectan exclusivamente en primavera. Para los paladares más exquisitos. Color amarillo claro, dorado con matices verdosos. Aroma muy delicado, vegetal a “verdura” (espinaca). Refrescante. Sabor exquisitamente dulce, refinado,  vegetal, casi balsámico. Momento de consumo ideal: todo el día excepto el desayuno.

 

Línea 62

Un hombre y una mujer sentados en un autobús de la línea 62. Comienza a hablar el hombre.
-         Tiene usted algo en la mejilla. Un momento, que se lo quito. Ya está.
-         Oiga, que no le conozco de nada.
-         Ya lo sé, pero es que tenía usted algo en la cara; ahora ya no lo tiene.
-         No puede ir tocando las caras ajenas como si nada.
-         Pero si solo era para quitarle una cosita ahí pegada que la afeaba.
-         Y eso, ¿a usted que le importa?
-         Perdone, es que soy un esteta y no he podido resistirlo.
-         ¡Tanto me afeaba!
-         Bueno, no tanto, porque es usted demasiado hermosa. La verdad es que no era más que una pequeña interferencia.
La mujer termina por sonreír.
-         Pero no puede usted ser tan invasivo. Bastaba con que simplemente hubiese pedido permiso antes.
-         Ya, pero entonces no habría empezado esta conversación y yo no habría podido invitarla a tomar algo.
-         Es usted un descarado, ¿eh? Le salva que tiene cara de buena persona.
-         Uf, no se fíe, somos los peores.
-         No, usted no. Hay algo en su mirada...
El hombre sonríe.
-         Entonces, ¿tiene tiempo para un café? O, mejor, un té verde. Usted es más de té verde.
-         ¿Y eso es bueno?
-         Claro. Las personas que toman té verde tiene mejor cutis y menos celulitis.
-         Desde luego, es usted un descarado. Pues me voy a tomar ese té con usted. ¿Bajamos?
Se levantan. Ya de pie, el hombre despliega su bastón para ciegos.
-         Pero, si no ve... entonces... Sí que me ha tomado usted el pelo.
-         En absoluto. Veo mucho más que otras personas, créame. Sin verla, sé que es hermosa: la oigo, la huelo, la siento a usted. Y desde hace tiempo. Llevamos meses coincidiendo a esta hora en el autobús. Y usted no me había visto a mí. Tiene gracia. Entonces, ¿no baja?
Silencio. Se oye un músico callejero que toca “Singing in the rain”.
-         Por supuesto. Agárrese de mi brazo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Cuento "Una de cacos" - Infusión Gunpowder Superior

Infusión Gunpowder Superior

  Se enrollan las hojas para preservar así su frescura al estar la superficie menos expuesta al aire. Antiguamente este proceso era manual. Hoy en día sólo los grados más altos de Gunpowder se enrollan a mano, todos los demás se procesan a máquina. La nota balsámica de este té lo hace refrescante. Su color es amarillo dorado, algo turbio. Aroma herbal fragrante y balsámico. Su sabor es maduro, sin astringencia y vegetal.

Una de cacos

    Era la primera vez que salía a cenar con sus amigas en todo un largo año. Y ni siquiera hasta muy tarde: cual Cenicienta se despidió del conciliábulo sobre las doce.
    Lo había pasado en grande riendo a carcajadas con la libertad en la risa que da la ausencia de un hijo pequeño por unas horas. Un niño precioso y adorable pero que la exprimía hasta la médula y se la bebía a grandes sorbos. Así que ahí estuvo, reponiendo su médula en ese maravilloso aquelarre a base de cerveza, sushi y helado de judías.
     Sí, la primera vez que salía en todo un largo año... y la atracan en el portal de su casa. Le pudo la buena educación a una intuición cargada de miedo, y no osó darle con la puerta en las narices al chico que se disponía a entrar tras ella. Gritos, algún porrazo, tirón de bolso y carrera tras el caco en un intento ingenuo de recuperar la pequeñita parte de su vida que se llevaban con sus efectos personales. En la alocada carrera, de repente, se le unieron unas cinco personas y un perro que por allí andaban, tomando el fresco unos y alguna litrona, otros. Y fue en balde.
    Llorando de rabia regresó al portal acompañada por los de la litrona. La animaban diciendo que seguramente recuperaría la cartera al día siguiente. Pero a ella no le dolía la cartera, le dolía la cabeza por los golpes, el alma por la impotencia y la intuición por haberla ignorado. Bueno, y la carísima barra de labios, las fotos de su hijo y su bolígrafo favorito.
     El bolso no apareció y durante unos días vivió como nunca lo había hecho: temerosa. Pero ese miedo como vino se fue, quizá porque criar a un hijo es tan grande y agotador que no tenía tiempo para recordar ni temer ladrones. Eso sí, aun sabiendo que los cacos campan a sus anchas a cualquier hora del día, las cenas, de momento, las postergaba. Le daba más tranquilidad quedar para el brunch o el té de las cinco. Y no iba a escatimar en carcajadas con sus amigas. Pues buena era ella.

viernes, 3 de febrero de 2012

Cuento "Luz en la ventana" - Infusión "Pu Ehr Tou Cha"

Infusión  “Pu Erh Tuo Cha”

Es un té muy digestivo. Está prensado en forma de nido de golondrina, madurado durante cinco años. Color rojizo intenso; aroma marcadamente ahumado y terroso; sabor terroso con un toque ahumado, seco y moderadamente astringente. Momento de consumo ideal después de las comidas.


Luz en la ventana


Había luz en la ventana, pero no me atreví a llamar a su casa. No creo que me hubiese contestado. Estaba demasiado enfadada; no, esta vez no me abriría. Y me jodía reconocer que con toda la razón. Mi traición era imperdonable. Ella llevaba casi un mes con la moral por los suelos y quise ser tan enrollada que me lancé a buscarle plan para el finde. Estaba segurísima de que la nueva recepcionista de mi curro era bollo. Y planeé una cita a ciegas entre las dos. La saqué del armario sin que lo supiera, cosa que juré no haría jamás. Y la recepcionista no, no era bollo. Le soltó una hostia a Greta que la dejó muda. Y muda sigue.
         No me extraña, me lo merezco por bocazas.
         Pero, coño, es mi hermana, se le pasará, ¿no?